sábado, 30 de junio de 2012

POCAS PALABRAS: Esmalte negro


Si a los 15 me aparecía en casa con las uñas esmaltadas en negro, a Mamá le daba un «patatús».

 Le Vernis 23 «Noir 29», de la colección otoño-invierno 2012 de Lancôme 

Ahora, a mis veintilargos, es ella quien me regala el esmalte negro y me dice que me queda muy elegante.


¡Y cuánta razón tiene! Gracias, Ma.

De paso, les muestro cómo me quedaron las manchitas de leopardo que tanto quería hacer con colores parecidos a los de Lauren Conrad.

¿Se animan al esmalte negro?


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domingo, 10 de junio de 2012

La novia vive en un spa...


El otro día, mientras me rociaba la cara con agua termal, mi novio me dijo en chiste: «La novia vive en un spa» (qué genial su percepción masculina de mis hábitos de cuidado). Entonces me acordé de que hace rato tenía mi nota sobre el agua termal a medio hacer. Me dispuse a terminarla, y aquí está.

Uno de los productos de cuidado de la piel que nunca faltan en casa es el agua termal de Avène. Digo «en casa» porque es un producto que también usa mi novio (por ejemplo, después de afeitarse), y entonces siempre tenemos dos o tres frascos dando vueltas por ahí. 

Los tres tamaños de Avène. El más chiquito siempre lo llevo en la cartera.

Hace unos cuantos años, mi dermatólogo me recomendó que usara esta agua termal para calmar una irritación que tuve en la piel por el frío del invierno (eso digo yo, porque nunca pudimos encontrar otro culpable, determinamos que no fue alergia, pero tampoco supimos si fue algún que otro cosmético). Desde entonces, me acostumbré a usarla todos los días en el rostro para desensibilizar la piel y, de a poco, le fui encontrando otros usos.

Para elegir el agua termal, hay que tener en cuenta que las propiedades y los resultados que ofrece varían según su fuente, ya que la tierra de cada lugar tiene minerales y oligoelementos diferentes. Yo elegí la de Avène por recomendación de mi dermatólogo, y me gustó tanto que nunca probé otras marcas, aunque él siempre menciona alguna otra que también considera buena.


Lo que me gusta de Avène es que es un laboratorio dedicado íntegramente al «bienestar dermatológico». Me hice bastante fan de la marca desde que leí en La Nación algunas notas sobre su trabajo (El imperio del agua Avène Les Bains y Volver a sonreír). Me alegra comprar productos de empresas que ayudan a personas con patologías dermatológicas a mejorar su calidad de vida. Y, como soñar no cuesta nada, sueño con visitar la estación de agua termal de Avène algún día.

El agua termal se genera de manera natural en manantiales especiales comúnmente llamados «termas». Hay distintos tipos de termas en todo el mundo, y cada una tiene propiedades particulares en función de sus características geológicas. Me resulta difícil resumir el proceso de generación de agua termal porque no soy experta, pero les explico más o menos lo que entiendo después de haber investigado en Internet sobre el tema:

Por su ciclo natural, el agua de lluvia se filtra en ciertos lugares hasta llegar a las capas subterráneas del planeta. Allí se calienta a elevadas temperaturas (cerca de 50 ºC) y adquiere las distintas sales minerales y oligoelementos del lugar donde se encuentra. Cuando alcanza cierta temperatura, comienza a subir y emerge por las grietas de la tierra hasta llegar a la superficie, donde su temperatura desciende a valores cálidos, pero, en general, tolerables por el ser humano. Durante el asenso, el agua termal sigue adquiriendo las bondades de la tierra y se enriquece aún más. Por eso es tan especial. Esta agua enriquecida con las sales minerales y los oligoelementos que brinda la naturaleza tiene propiedades terapéuticas que los otros tipos de agua no tienen.

Algunos laboratorios dermatológicos cuentan con permisos legítimos para extraer el agua termal de la naturaleza con fines terapéuticos que favorecen a las personas. Los Laboratorios Dermatológicos Avène extraen la suya de un manantial reconocido por su interés público en dermatología desde 1874 que se ubica al pie de las montañas Cévennes, Valle de L'Orb, Francia. Esta empresa tiene una trayectoria de 200 años en la salud y el cuidado de la piel, y hoy en día cuenta con la infraestructura y los conocimientos necesarios para extraer el agua termal y embotellarla de manera que nuestra piel la reciba con las mismas características que posee en su entorno natural.


Según la información que se brinda en el dorso del frasco, la composición mineral equilibrada del agua termal de Avène ofrece los siguientes elementos:
  • Minerales: silicatos (14 mg/l), que actúan como protectores de la piel.
  • Oligoelementos: hierro, cobre, zinc y manganeso, que son indispensables para la salud de la piel.
  • Bicarbonatos: calcio y magnesio, que estimulan y fortalecen la piel.
Una de las características salientes de este producto es que su mineralización es bastante más baja que la de otras aguas termales, y por eso la piel se siente más suave, elástica y cómoda cuando nos la aplicamos. Por ejemplo, algunos recomiendan secar la piel con un pañuelo de papel para retirar el excedente que la piel no absorbió al minuto de la aplicación y así evitar la «tirantez». A mí no me gusta para nada hacer eso y, con el agua termal de Avène, jamás siento la piel tirante ni seca después de aplicarla, sino todo lo contrario.

El agua termal de Avène es una de las más recomendadas por ser un producto hipoalergénico y bacteriológicamente puro (estéril) que puede usar toda la familia (incluso los bebés a partir de los 3 meses). A pesar de que no tiene contraindicaciones, siempre conviene consultar primero al médico o al dermatólogo de confianza.

 Los usos recomendados por los Laboratorios Dermatológicos Avène 

Además de los usos recomendados por Avène, yo uso mi agüita termal en las siguientes situaciones:

Reemplazo el agua de la canilla por el agua termal para realizarme una exfoliación. Primero rocío abundantemente el rostro con agua termal (tienen que verse las gotitas) y luego aplico el exfoliante como de costumbre. Así siento que la piel me queda mucho menos enrojecida. También vuelvo a rociarme la piel después de enjuagar el exfoliante, antes de aplicarme las cremas de tratamiento, pero esta vez aplico menos cantidad.

Cuando me hago mascarillas tratantes, después de aplicarlas les rocío un poquitín de agua termal y me recuesto a descansar mientras se produce «la magia». :)

En verano, la guardo en la heladera y la uso bien fría cuando llego de trabajar para refrescarme.

Cuando a la noche estoy tan cansada que no tengo ganas de ponerme las cremas, después de bañarme, me rocío la piel del rostro, el cuello y el escote con agua termal y así me voy a dormir. A la mañana siguiente la piel está hidratada y luminosa (si tienen la piel seca quizá esto no les funcione). Eso sí, que no se les haga costumbre porque las cremas de tratamiento son muy importantes para suplir otras necesidades de la piel.

Cuando sí me aplico mis cremitas, a veces reemplazo el tónico por agua termal (con la piel bien limpia). Me gusta porque es más práctica, no tengo que usar algodón ni pañuelitos de papel para aplicarla, y no tiene alcohol ni fragancias.

Cuando siento el pelo muy deshidratado, lo rocío con agua termal y también lo hago cuando quiero aplacar el frizz.

Si me hago alguna lastimadura o quemadura siempre uso el agua termal como primer recurso calmante porque es higiénica y no arde ni pica.

Como es un producto de dermocosmética, se consigue exclusivamente en farmacias, pero lo bueno es que lo tienen en casi todas las farmacias. Viene en los tres tamaños que les mostré más arriba. El más grande es el que ofrece mejor rendimiento en función del costo, pero los otros dos son mucho más prácticos para llevarlos con uno, por ejemplo, en la cartera o en el bolso del gimnasio.

Aunque está especialmente recomendada para personas con pieles sensibles y alérgicas, todos pueden incorporarla en la rutina de cuidado de la piel y obtener sus beneficios al instante.

Ustedes, ¿usan agua termal? ¿Cómo?


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